jueves, 24 de noviembre de 2011


Universidad Autónoma del Estado de México

C.U. " Texcoco "

Alumna: Mariel Moreno Figueroa

Arqueología y Turismo

Profa: Norma González Paredes

Licenciatura en Turismo

Semestre 01  Grupo 01 

Matutino

lunes, 21 de noviembre de 2011

Cuicuilco

Cuicuilco "lugar de colores o cantos".

Zona arqueológica y museo de sitio.

La zona arqueológica se localiza en la avenida Insurgentes Sur N° 156, en el cruce con Anillo Periférico, la distribución de estructuras se extiende más allá del enrejado de la zona; el conjunto llamado Cuicuilco B se encuentra en el Centro Deportivo Villa Olímpica, y el Montículo de Peña Pobre en el cruce de las avenidas Insurgentes y San Fernando en la Delegación Tlalpan, en la ciudad de México.

Descripción del lugar 

Cuicuilco fue el primer centro cívico religioso de grandes dimensiones del Altiplano Mexicano, su población incluía prácticamente todos los estratos sociales y rasgos culturales que caracterizarían a las ciudades-Estado de Mesoamérica.

Con la erupción del volcán Xitle, a principios de nuestra era, Cuicuilco fue destruido y abandonado, lo que ocasionó una serie de migraciones y reacomodos de la población en la cuenca de México, que culminaron con la consolidación de Teotihuacan como el centro rector del periodo clásico en el Altiplano Central.

Actualmente, en el sitio se pueden observar 8 de los múltiples edificios religiosos y habitacionales que existieron, e incluso los restos del sistema hidráulico que abastecía a la ciudad.Se distingue una pirámide que fue construida en una posición estratégica para el desarrollo del lugar, la cual, representa el primer intento entre los pueblos prehispánicos por relacionar los conceptos religiosos con el acaecer cósmico a través de una creación monumental.

Población y número de habitantes (urbana, rural o grupos étnicos) La zona arqueológica se ubica dentro de la Delegación Tlalpan, la cual cuenta con una población urbana aproximada de 581,781 habitantes.

¿El lugar está considerado como un Área Natural Protegida? 
¿En qué categoría de manejo se encuentra?

Superficie y fecha de decreto No está considerado como área natural protegida sino como patrimonio arqueológico.

¿Qué tipo de actividad económica se realiza en el lugar? Turismo.
¿Existe actividad ecoturística? ¿De qué tipo (aventura, ciclismo, observación de aves o paisajes, histórico, culturales, etc.), 

¿Cómo llegar?
El acceso principal se localiza por la Av. Insurgentes Sur, en su interior se encuentran diversos senderos para acceder a los distintos espacios.Cuenta con instalaciones sanitarias y de vigilancia.



La ecología de la zona se ha visto afectada por numerosos elementos. En su porción Sur observamos el agrupamiento de Unidades Habitacionales y culturales, fábricas, hospitales y grandes conjuntos comerciales que, aunados a la negligencia humana, han originado una situación que contribuye al deterioro de la zona.

Es necesario promover la protección de estos sitios arqueológicos, evitar el crecimiento social y comercial sin la adecuada planeación, lo cual, ha propiciado el deterioro y destrucción de estas zonas.

Tlatilco


En los inicios del llamado período preclásico medio (1300-800 a.C), algunas de estas aldeas han crecido hasta transformarse en aglomeraciones de una estructura social más compleja, mientras que nuevas aldeas han hecho su aparición en esta y otras regiones del antiguo México. Uno de estos grandes poblados, Tlatilco (al noroeste de la actual ciudad de México) fue además uno de los primeros de esta zona del valle de México, a orillas del lago Texcoco. Por otro lado, el nombre con el que actualmente se hace referencia a esta cultura, Tlatilco, es un vocablo náhuatl que significa "donde hay cosas ocultas". Esta denominación deriva del hecho de que los nahuas llegaron a la zona cuando la cultura de Tlatilco ya había desaparecido y sólo debían de asomar algunas de sus manifestaciones artísticas entre la espesa vegetación. Tos restos que se han podido hallar reflejan claramente el nivel alcanzado entonces, y las ingenuas estatuillas identificadas como pretty ladies o "mujeres bonitas" constituyen la culminación de este culto a la fertilidad al que se ha hecho referencia.

Más adelante se verá cómo, durante esta misma fase del período preclásico, habrá de surgir en la zona del golfo de México una nueva y pujante cultura, la de los olmecas, cuya influencia se extenderá en muchas direcciones del antiguo México en el último milenio a.C, ejerciendo una profunda mutación en la cultura de algunas regiones que siembran las bases de muchas de las teocracias del llamado período "clásico". 
Precisamente, cabe distinguir un punto de inflexión en la cultura de Tlatilco con el inicio del influjo de los olmecas. Así, antes de la llegada de éstos, el medio de vida de los habitantes de Tlatilco estaba sostenido fundamentalmente por su actividad de caza y de recolección, y apenas conocían los rudimentos de la agricultura. Asimismo, parece demostrado que andaban siempre o, por lo menos, casi siempre desnudos, pues no se han encontrado restos de vestidos en los yacimientos excavados hasta el momento. Además, tampoco habían creado ningún sistema de escritura.
Así, con el influjo olmeca, la sociedad de Tlatilco se convirtió en una de las primeras de Mesoamérica en desarrollar un moderno y eficaz sistema de agricultura. Por otro lado, como ocurre en tantos yacimientos arqueológicos de la América precolombina, se ha encontrado valiosa información sobre la cultura de sus habitantes en las tumbas de los mismos. De este modo, las costumbres funerarias de los pobladores de Tlatilco revelan que no construían cementerios, en el sentido estricto de la palabra -es decir, recintos cerrados o claramente identificables- sino que las tumbas están más o menos dispersas, excavadas directamente en la tierra. Los muertos eran enterrados con numerosos objetos de su vida cotidiana, y entre los más abundantes se encuentran los objetos de cerámica, de los cuales destacan, como ya se ha señalado, aquellas hermosas figurillas de barro femeninas.

Mexicas (Aztecas)

Los mexicas —llamados también aztecas— fueron un pueblo indígena de filiación nahuatl que tras una larga peregrinación fundó México-Tenochtitlán. Hacia el siglo XV esta ciudad se convirtió en el centro de uno de los Estados más extensos que conoció la Mesoamérica precolombina.


Los mexicas procedían, según parece, de un lugar llamado Aztatlán o Aztlán, que según varias leyendas significa "lugar de garzas", por lo cual se les conoce mejor bajo el nombre de aztatecas o aztecas, aun cuando ellos preferían denominarse culhuas-mexicas.
Se dice que Aztatlán estaba situado en una isla de la laguna de Mexcaltitlán en la costa de Nayarit y que el grupo salió de ahí entre el 890 y el 1111, atravesaron primero algunas regiones del norte de Jalisco y después, siguiendo el curso del río Lerma, partes de Guanajuato y Michoacán. Realizaron un largo peregrinaje por diversos lugares hasta que, entre 1273 y 1276, se establecieron en Chapultépec.
En realidad, hasta su llegada a Chapultépec, los mexicas sólo permanecían, en calidad de "temporeros” o “paracaidistas", unos años en cada lugar por donde pasaban, pues todas las tierras estaban ocupadas y nadie les quería como vecinos por ser muy pendencieros, practicar formas crueles de sacrificios humanos, y tener la costumbre de robarse a las mujeres casadas.
Fundación de Tenochtitlán
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En aquel islote fue donde, según la historia, vieron la señal expuesta por Huitzillopochtli: el águila devorando una serpiente sobre un nopal y empezaron a edificar Tenochtitlán en 1345. Doce años después otro grupo mexica se estableció en un islote contiguo, fundando Tlatelolco en 1357. Hacia 1371, ambos grupos alcanzaron el rango de señoríos Tlatelolco y Tenochtitlán.
Más tarde, luego de innumerables guerras tribales, aliados ahora con el señor tepaneca de Tlacopan (conocida luego como Tacuba), tuvieron que continuar luchando contra varios señoríos que habían formado parte de aquel imperio, y por eso les fue preciso llevar al cabo numerosas conquistas como la de Xochimilco en 1430 y la de Tetzcoco en 1431.
Así fue como, en 1434, se constituyó una Triple Alianza integrada por los señores de Tetzcoco, de Tenochtitlán y de Tlacopan (Tacuba) que, de común acuerdo, se repartieron los territorios hasta entonces sojuzgados y establecieron además el convenio de que los señoríos que posteriormente dominasen deberían pagarles tributo: dos quintas partes a Tetzcoco, otras tantas a Tenochtitlán y sólo una a Tacuba.

A la llegada de los españoles, los mexicas mantenían relaciones de tensión tanto con sus aliados como con los pueblos sometidos, a los que se les imponían fuertes cargas tributarias.
Esta situación fue aprovechada por los recién llegados en 1519, que rápidamente establecieron alianzas con los zempoaltecas y los tlaxcaltecas. El fin del Estado mexica ocurrió en 1521, con la derrota final de Tenochtitlán a manos de los españoles.
Tenochtitlán estaba ubicado en la zona lacustre de la cuenca de México, sobre un islote al occidente del lago de Texcoco.
La extensión geográfica del estado mexica ocupaba la mayor parte del centro y sur de la actual República Mexicana, se extendía, desde el poniente del valle de Toluca, abarcando casi todos los estados de Veracruz, Puebla, en el centro, Hidalgo, México y Morelos, en el sur; gran parte de los estados de Guerrero y Oaxaca, así como la Costa de Chiapas hasta la frontera con Guatemala.
Sin embargo, quedaban fuera de su dominio los señoríos de Meztitlán (en Hidalgo), Teotitlán y Tututepec (en Oaxaca), Purepechas (en Michoacán), Yopitzingo (en Guerrero) y Tlaxcala.


Periodo Posclásico

Podemos afirmar que este horizonte pasó por dos periodos significativos: uno fue el de la reorganización territorial y política, y que abarca aproximadamente los años que van del 800 al 1,000 d.C., y el de los imperios y señoríos militares a partir de este último año, hasta la llegada de los españoles en 1521. 
Es en este periodo cuando  varios pueblos, llamados chichimecas, que vivían más allá del límite septentrional de Mesoamérica, se desplazaron hacia el sur, tal vez a raíz de una baja en la producción natural de sus tierras, desertificadas por cambios climáticos. Agredidos por los invasores y con sus campos de labranza reducidos por el cambio, los mesoamericanos próximos a la frontera se vieron obligados a echarse sobre sus vecinos, a veces en forma pacífica y otras de manera armada, y estos vecinos hicieron lo mismo con  otros, y así sucesivamente hasta que toda Mesoamérica se vio afectada, acabándose el esplendor que había alcanzado la civilización mesoamericana durante el clásico. El proceso duró por lo menos trescientos años, tendiendo a atenuarse conforme avanzaba hacia el sur. 
El origen divino de todas las normas y leyes que regulaban la vida pública y privada de todos, con la consiguiente sanción sobrenatural a las violaciones voluntarias o involuntarias fueron características mesoamericanas desde el clásico.  Hubo nuevos dioses, o por lo menos algunos adquirieron mayor relevancia -por ejemplo, dioses guerreros como Camaxtli y Huitzilopochtli, o sus equivalentes conocidos con otros nombres en diversos lugares- y cabe suponer que hayan surgido también nuevas leyes o una expresión más vigorosa de las ya existentes, acordes con el carácter guerrero prevaleciente. Su desobediencia, por supuesto, acarrearía castigos divinos.



LOS TOLTECAS 
Uno de los grupos chichimecas que a la postre alcanzaría un gran desarrollo fue el de los toltecas. Un personaje legendario, Ce Acatl Topiltzin, los condujo a Tula, en donde tuvieron un alto desarrollo hacia el siglo X. Pese a que nunca llegó a tener el poder y la fama que en su momento tuvo Teotihuacán, Tula se convirtió en un centro hegemónico para toda el área del altiplano central en donde impuso el culto a Quetzalcóatl. Como pueblo guerrero que era, sometió por la fuerza a todas las ciudades cercanas, quienes debían rendir tributo a los toltecas. Se cree, que en un momento dado, los pueblos dejaron de pagar el tributo, causando la ruina de Tula.






LEYENDA DE QUETZALCÓATL 

Uno de los grupos chichimecas que a la postre alcanzaría un gran desarrollo fue el de los toltecas. Un personaje legendario, Ce Acatl Topiltzin, los condujo a Tula, en donde tuvieron un alto desarrollo hacia el siglo X. Pese a que nunca llegó a tener el poder y la fama que en su momento tuvo Teotihuacán, Tula se convirtió en un centro hegemónico para toda el área del altiplano central en donde impuso el culto a Quetzalcóatl. Como pueblo guerrero que era, sometió por la fuerza a todas las ciudades cercanas, quienes debían rendir tributo a los toltecas. Se cree, que en un momento dado, los pueblos dejaron de pagar el tributo, causando la ruina de Tula.

Periodo Clásico

La designación de este periodo, que comprende los primeros  800 años de nuestra era, implica un grado de organización política, social y religiosa más complejo que en etapas anteriores, como se desprende fácilmente de los restos arqueológicos. De esta fase datan algunos de los complejos arquitectónicos más notables por su riqueza, así como creaciones artísticas de la mayor finura. Es evidente que tales obras se realizaron gracias a la participación de una sociedad estratificada y rígidamente controlada (sobre todo por medios religiosos) y alimentada por la labor de campesinos altamente productivos merced a las obras de irrigación que, a su vez, requirieron grandes cantidades de trabajo para su construcción y mantenimiento. 
Los dioses eran los seres sobrenaturales de mayor importancia durante el clásico, aunque se conservaran las creencias en otros seres sobrenaturales de menos poder y jerarquía. A los dioses (de los cuerpos celestes, de la tierra, del agua, del fuego, entre otros) se debía acatamiento y respeto, para conseguir de ellos una disposición favorable y el otorgamiento de las condiciones propicias a las buenas cosechas, así como salud en la gente y armonía en la sociedad. El señor de un estado era hombre-dios, pues encarnaba al dios de quien sería supremo sacerdote; de ahí que la obediencia a sus órdenes era el acatamiento y la reverencia. Así pues, si los dioses habían dado normas de conducta para todos los aspectos de la vida, toda la gente -señores y vasallos, hombres y mujeres, chicos y grandes- debían cumplirlas puntualmente ya que de lo contrario los males se abatirían sobre la sociedad. 
En el clásico, habría actos más propios de la religión: ofrendas, sacrificios y autosacrificios que debían hacerse en honor de determinados dioses en fechas previstas. No era sólo la gente del pueblo quien participaba, sino también los hombres-dioses. Ellos eran los responsables de los complicados rituales que aseguraban el bienestar de toda la sociedad y a ellos tocaba hacer sacrificios y autosacrificios (se conocen, por ejemplo, representaciones de señores cortándose la lengua) y si los ritos lo requerían, debían coordinar y asegurar la participación de otros. 



TEOTIHUACÁN 
Aunque los primeros asentamientos humanos en el valle de Teotihuacán se ubican alrededor del 400 a.C., no es sino hasta los primeros años de nuestra era, cuando se convierte en un centro ceremonial con una población aproximada de 20,000 personas. Para el año 400 d.C. Teotihuacán se extendía sobre una superficie de 22 kilómetros dominando de hecho todo el valle de México y Puebla, manteniendo contactos comerciales con olmecas en Veracruz, zapotecas en Oaxaca y mayas de la península de Yucatán. Entre los años 400 y 650 Teotihuacán se convirtió en un gran centro religioso y comercial de Mesoamérica. Se cree que la población teotihuacana alcanzaba los 200,000 habitantes y que era una ciudad bien urbanizada, con construcciones firmes. Dada su importancia política, religiosa, cultural y comercial Teotihuacán era visitada por vecinos, convirtiéndose en una zona de intercambio. 
Ubicados en una zona privilegiada en cuanto a recursos naturales, los teotihuacanos fundaron su ciudad al norte del lago de Texcoco, lo cual les brindó la oportunidad de tener una gran variedad de alimentos, sal y hasta arcilla para su cerámica. Los residuos volcánicos que se encuentran a su alrededor los dotaron de grandes depósitos de obsidiana, la cual utilizaron para la fabricación de diversas herramientas. La gran ciudad de Teotihuacán evidencia un alto grado de planificación no sólo para el centro ceremonial en sí, sino para toda el área urbana que le rodeaba. La Calzada de los Muertos, que recorre la ciudad de norte a sur, remata en la pirámide de la Luna que, junto con la del Sol y el resto del conjunto, constituye una de las obras más imponentes de la arquitectura prehispánica. 
El esplendor alcanzado por los teotihuacanos durante el horizonte clásico, llegó a su fin, intempestivamente, entre los años 650 y 700. Se desconocen las causas que llevaron a sucumbir a tan importante imperio, aunque se manejan diversas hipótesis para explicar dicho derrumbe; entre ellas una gran escasez de alimentos y un cambio drástico en el medio ambiente por la excesiva tala de árboles que provocó esta disminución de alimentos; también se contempla el que las poblaciones tributarias hayan dejado de proveer al imperio. Quizá hayan sido los nómadas del norte los que provocaron su derrumbe incendiando provocando la huida de los señores y de buena parte de la población. Los toltecas heredarían a la postre algunos rasgos culturales de los teotihuacanos.




LOS MAYAS 
Otra civilización impactante y esplendorosa que brilló en Mesoamérica durante el horizonte clásico fue la cultura maya. Aunque hay vestigios de asentamientos en la península de Yucatán desde épocas muy tempranas, en el preclásico se consolida un verdadero estilo maya en arte y arquitectura. En el Petén surgió la cerámica Chicanel y se empiezan a construir tumbas con techos abovedados en Tikal y Holmul, cuyos elementos evidencian la importancia de la actividad ceremonial y el estatus. Hacia el final de este horizonte se generaliza en la zona maya la  arquitectura abovedada, las inscripciones ceremoniales y la cerámica polícroma. 
La cultura maya se desarrolló en el territorio que hoy comprende los países de Honduras, Belice y el norte de Guatemala, así como los estados mexicanos de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. 
A diferencia de las ciudades teotihuacanas, los edificios construidos por los mayas, no tenían por objeto principal albergar a la población, sino ejercitar la observación astronómica. En ellos sólo vivían los sacerdotes, gobernantes y guerreros. Los principales desarrollos mayas del horizonte clásico son Tikal, Cobá, Kabah, Uxmal, Palenque, Xpuhil, Yaxchilán, Copán y Bonampak. Ahí se puede apreciar el uso de la bóveda falsa, la cual fue un avance importantísimo para la arquitectura y un rasgo muy distintivo de la cultura maya. Casi como una constante dentro del área, encontramos amplios patios alrededor de los cuales construyeron templos, observatorios y juegos de pelota con una armonía sorprendente; además, los bajorrelieves y las decoraciones con estuco, dan a los centros mayas un atractivo impresionante aun en la actualidad. 
Existen, sin embargo, diferencias en el tipo de construcciones que caracterizan a cada lugar; por ejemplo, mientras que el rasgo distintivo de Tikal es la esbeltez de sus templos, sus empinadas escaleras y las cresterías que rematan sus techos, en Palenque encontramos el arte escultórico más realista y refinado de la cultura maya. 
Si bien la cultura maya tiene características generales más o menos homogéneas, cada uno de los estados tuvo un desarrollo independiente con un gobierno propio ubicado en la ciudad principal. A diferencia de lo que sucedió en otras partes de Mesoamérica, los estados mayas del clásico parecen haber tenido relaciones menos cordiales entre sí. Las estelas, los murales de Bonampak, las inscripciones (por ejemplo en Yaxchilán, Piedras Negras y otros sitios) dan cuenta de dinastías de señores guerreros que se arrojaban sobre los señoríos vecinos para incorporarlos a su dominio, o que procuraban evitar sufrir la misma suerte mediante alianzas matrimoniales. 
Los mayas tenían un dios supremo, a quien no representaban y al que llamaban Hunab-Ku. Además rendían culto a otras deidades, semejantes a las de toda el área mesoamericana, propias de los pueblos agrícolas. Las principales eran el dios de la tierra, el del sol (Kinich Ahau), el de la lluvia (Chaac), el del maíz (Yum Kax), el del cielo (Tzamná), el de la muerte (Ah Puch) y el del viento (Kukulkán). Como todo pueblo religioso, los mayas practicaban una serie de ritos (individuales o colectivos) que formaban parte de la cotidianidad de la población, y que se practicaban en los lugares contiguos a los templos. Lo mismo que en otras áreas de Mesoamérica, los mayas practicaron los sacrificios y autosacrificios, y veneraban a sus dioses mediante oraciones y ofrendas. 
En cada uno de los estados mayas, había un gobernante u “hombre-dios”, que era conocido como halach-uinic y que habitaba en la ciudad más importante del estado. El halach-uinic legaba el poder a sus descendientes y se piensa que en sus orígenes debió haber sido un sacerdote. Para auxiliar a este gobernante en cada una de las ciudades existía un batab, que se encargaba de mantener el orden y de seguir las instrucciones dadas por el hombre-dios supremo de todo el estado. Abajo de estos dos jerarcas había toda una burocracia, con una jerarquía privilegiada, que manejaba los diferentes rubros de la administración. 
Además de sus avanzados conocimientos astronómicos, que los llevaron a conocer el ciclo lunar y solar, los mayas perfeccionaron los conocimientos olmecas de las matemáticas y el calendario, y gracias a esto tuvieron un conocimiento muy preciso sobre las estaciones, los eclipses y los días del año. Su sistema de cálculo largo, en el que se procedía multiplicando por 20, los acercó al concepto de infinito. Todos sus conocimientos los aplicaron en su vida diaria mejorando con esto las cosechas y aprovechando al máximo los recursos naturales. Se cree que los mayas crearon redes de canales que les permitían optimizar el uso de sus recursos hidráulicos mejorando en consecuencia los cultivos (maíz, frijol, calabaza, chile, tomate, cacao, chayote, tubérculos, henequén y tabaco). El uso del henequén les permitió hacer diversas prendas como sacos, bolsas, canastos e incluso suelas de sandalias. Los troncos de los árboles los aprovechaban para construir casas, herramientas y papel. 

Periodo Preclásico

Durante este periodo la vida en Mesoamérica se hace  dependiente del cultivo de plantas domesticadas cada vez en mayor número, en particular de un complejo básico que dura hasta nuestros días, si bien la recolección y la caza son complemento importante. El cambio en el género de vida permite considerables aumentos en la población, acompañados de cambios en la organización social que se ven reflejados en los restos arqueológicos. 
En este periodo fue fenómeno común en toda el área mesoamericana la unión de grupos de aldeas bajo el control de una de ellas convertida en centro ceremonial.  La organización política, los conceptos religiosos y las relaciones de unas regiones con otras se modifican con relación al pasado. 
El rasgo más característico del periodo es la formación de unidades político-territoriales más amplias. Puede suponerse que los territorios clánicos de gente que hablaba el mismo idioma y compartía creencias y se agrupaban bajo la autoridad de un hombre poderoso para formar una unidad política mayor a la que podríamos designar como “tribu”. La aldea donde reside este hombre poderoso crece más que otras y se convierte en centro ceremonial o capital.


LA CULTURA OLMECA 

Entre los años 800 y 200 a.C. surgió la cultura olmeca en la costa del golfo de México, que fue la más importante de la época influenciando a otros grupos ya asentados en Mesoamérica. Los principales centros olmecas en La Venta, Tres Zapotes, El Trapiche, San Lorenzo, Los Tuxtlas y La Tigra, dan testimonio de la grandeza que alcanzó esta cultura.




LOS ZAPOTECAS 

Pese a que la cultura olmeca fue la que más destacó durante la época preclásica, hubo otros grupos en las regiones de Oaxaca y Yucatán, zapotecas y  mayas respectivamente, que en forma independiente lograron avances importantes para su sobrevivencia. Los zapotecas, en Monte Albán, por ejemplo, mejoraron las técnicas agrícolas mediante la construcción de canales y en el sistema de barbecho de las laderas. Para esta época también se registran construcciones hechas con piedras, como una base piramidal que se supone formaba parte del centro ceremonial. En algunas piedras se encuentran bajorrelieves con escenas de guerra y cautivos. Pero sin duda lo que más sorprende es la aparición de un calendario y un tipo de escritura en los edificios de Monte Albán; de hecho, el calendario que aparece es un antecedente del calendario maya que aparecerá en épocas posteriores. 
La designación de este periodo, que comprende los primeros 800 años de nuestra era, implica un grado de organización política, social y religiosa más complejo que en etapas anteriores, como se desprende fácilmente de los restos arqueológicos de los zapotecas. De esta fase datan algunos de los complejos arquitectónicos más notables por su riqueza, así como creaciones artísticas de la mayor finura. Es evidente que tales obras se realizaron gracias a la participación de una sociedad estratificada y rígidamente controlada (sobre todo por medios religiosos) y alimentada por la labor de campesinos altamente productivos merced a las obras de irrigación que, a su vez, requirieron grandes cantidades de trabajo para su construcción y mantenimiento.